{"id":51486,"date":"2026-10-12T06:00:00","date_gmt":"2026-10-12T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/cpps.pt\/?p=51486"},"modified":"2026-10-13T18:38:29","modified_gmt":"2026-10-13T17:38:29","slug":"eis-me-aqui-envia-me","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cpps.pt\/es\/eis-me-aqui-envia-me\/","title":{"rendered":"\u201c&quot;Aqu\u00ed estoy, env\u00edame&quot;\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Duod\u00e9cimo D\u00eda Misionero<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa misi\u00f3n, la \u201cIglesia en movimiento\u201d, no es un programa, una intenci\u00f3n que se logra por fuerza de voluntad. Es Cristo quien impulsa a la Iglesia a partir de s\u00ed misma. En la misi\u00f3n de proclamar el Evangelio, nos movemos porque el Esp\u00edritu nos impulsa y nos gu\u00eda. Dios siempre es el primero en amarnos y, con ese amor, sale a nuestro encuentro y nos llama. Nuestra vocaci\u00f3n personal surge del hecho de que somos hijos e hijas de Dios en la Iglesia, su familia, hermanos y hermanas en esa caridad que Jes\u00fas nos testimoniaba. Pero todos tenemos una dignidad humana fundada en la vocaci\u00f3n divina de ser hijos de Dios, de llegar a ser, en el sacramento del Bautismo y en la libertad de la fe, lo que siempre hemos sido en el coraz\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"900\" height=\"753\" src=\"https:\/\/cpps.pt\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/M12.jpg?wsr\" alt=\"\" class=\"wp-image-51487\" srcset=\"https:\/\/cpps.pt\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/M12.jpg 900w, https:\/\/cpps.pt\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/M12-768x643.jpg 768w, https:\/\/cpps.pt\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/M12-14x12.jpg 14w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios por el mundo, prolonga la misi\u00f3n de Jes\u00fas a lo largo de la historia y nos env\u00eda a todas partes para que, mediante nuestro testimonio de fe y la proclamaci\u00f3n del Evangelio, Dios contin\u00fae manifestando su amor y tocando y transformando corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas en todo tiempo y lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n es una respuesta libre y consciente al llamado de Dios. Pero solo podemos sentir este llamado cuando vivimos en una relaci\u00f3n personal de amor con Jes\u00fas vivo en su Iglesia. Pregunt\u00e9monos: \u00bfestamos preparados para acoger la presencia del Esp\u00edritu Santo en nuestras vidas, para escuchar el llamado a la misi\u00f3n ya sea en el camino del matrimonio, la virginidad consagrada o el sacerdocio ordenado, y en cualquier caso, en la vida ordinaria de cada d\u00eda? \u00bfEstamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvaci\u00f3n de Jesucristo, para compartir la vida divina del Esp\u00edritu Santo, edificando la Iglesia? Como Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, \u00bfestamos preparados para permanecer sin reservas al servicio de la voluntad de Dios (cf.&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;1, 38)? Esta disposici\u00f3n interior es muy importante para poder responder a Dios: Aqu\u00ed estoy, Se\u00f1or, env\u00edame (cf.&nbsp;<em>Es<\/em>&nbsp;6, 8). Y esta respuesta no se encuentra en abstracto, sino en el presente de la Iglesia y de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios sigue buscando personas para enviar al mundo y a las naciones, para dar testimonio de su amor, su salvaci\u00f3n del pecado y de la muerte, su liberaci\u00f3n del mal (cf.&nbsp;<em>Monte<\/em>&nbsp;9, 35-38;&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;10, 1-11).<\/p>\n\n\n\n<p>(Mensaje del Papa Francisco para el a\u00f1o 2020)<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Duod\u00e9cimo D\u00eda Misionero \u00abLa misi\u00f3n, la \u201cIglesia que sale\u201d, no es un programa, una intenci\u00f3n que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo quien hace que la Iglesia salga de s\u00ed misma. En la misi\u00f3n de proclamar el Evangelio, uno se mueve porque el Esp\u00edritu lo impulsa y lo gu\u00eda. 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