Mi nombre es José.

San José, santo del silencio obediente, no predicó, no escribió libros y no dejó ningún discurso extraordinario.

Sin buscar protagonismo, escuchó a Dios y actuó. Hoy, en un mundo saturado de ruido digital, la invitación es a escuchar más y opinar menos. Siguiendo su ejemplo, debemos estar dispuestos a obedecer a Dios, sin negociar su voluntad con la nuestra (conversión), para ser cristianos y misioneros capaces de santificar lo común (trabajo).

Que nuestra penitencia consista en cumplir bien y con amor con nuestro deber diario. En un contexto de persecución y de represión, San José protegió a la Sagrada Familia con valentía y sin violencia.

Estamos llamados a proteger nuestro carisma, nuestra fe, nuestra familia y a los vulnerables con la misma serenidad. No necesitamos tener todas las respuestas de antemano, sino más bien la confianza. Que nuestra santidad crezca en secreto, en lo cotidiano, con humildad.

San José, ruega por nosotros y por todos los "José".

P. Eduardo Indeque C.PP.S

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