Una fe viva

Tras un período de descanso, las estructuras eclesiásticas/parroquiales deben volver a ponerse en funcionamiento.

“"Balón de Oro", Museo Vaticano. Foto: LF

Es importante no caer en la rutina de repetir siempre lo mismo. Los Misioneros de la Preciosa Sangre están llamados, siguiendo el ejemplo de San Gaspar del Búfalo, a observar las diversas realidades de sus misiones y a encontrar caminos misioneros verdaderamente renovadores, para que la frescura del Evangelio siga dando vida.

Para la misión, todos son importantes porque “la mies es mucha, pero los obreros pocos”. El camino consiste en involucrar a cada laico en la misión, con espíritu de servicio, siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, que “vino a servir y no a ser servido”.

Todo esto cobra mayor profundidad con la espiritualidad de la Preciosísima Sangre, que habla de vida, redención, salvación, paz, fraternidad, perdón… El mundo muestra graves signos de crisis, siendo los pobres las mayores víctimas. Hoy es el momento oportuno para que todas las comunidades se comprometan con la misión eclesial de llevar el amor de Dios a todas las personas, impidiendo que los vicios, las divisiones, la competencia, los celos o cualquier otra mundanidad echen raíces en sus estructuras. Es el momento de dar testimonio de una fe viva, capaz de “mover montañas”.

Aquí les propongo un reto: acérquense a la comunidad de CPPS o a la parroquia donde viven y pregunten: "¿Qué puedo hacer para convertirme en misionero?".

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