La Preciosa Sangre y la Eucaristia

Con la ayuda de algunos textos bíblicos reflexionamos sobre la  devoción a la Preciosa Sangre, encuadrada en la Misa, y el compromiso cristiano al acercarse a comulgar. San Pablo, en sus cartas afirma dos cosas:

1.La copa de bendición ¿no es comunión con la sangre de Cristo? (1ª Corintios 10,16) San Pablo afirma, que los cristianos que participamos en la misma mesa de la Eucaristía, estamos llamados a vivir en comunión, participación, solidaridad, cercanía y perdón. Por lo tanto: a) El participar en la Eucaristía es un compromiso de vida que nos pide tener buenas relaciones entre nosotros. b) Si al comulgar nos identificamos con Cristo, también tenemos que identificarnos con todos los que comulgan al mismo Cristo. c) Y También  afirma San Pablo (1ª Corintios 11, 29) “quien come y bebe indignamente el cuerpo de Cristo, come y bebe su propia condenación, queriendo decir, que es absurdo acercarse a comer el Cuerpo de Cristo y luego en la calle, en la familia o en cualquier sitio que frecuentemos, no existan buenas relaciones entre nosotros y hasta nos neguemos el saludo, el habla y que nos critiquemos, nos pongamos zancadillas y seamos egoístas, porque eso es lo que provoca el castigo de Dios, y no podremos decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano que si vemos.

2. Esta copa es la nueva Alianza en mi Sangre (1ª Corintios 11, 15) La sangre de Cristo derramada, fue el precio que le costó al Salvador la Alianza entre Dios y nosotros, es decir, por la Sangre de Cristo la humanidad se une a Dios y nos libera de nuestros pecados obteniéndonos su perdón. La sangre de Cristo, no es algo que le pertenece a Cristo, sino que es el mismo Cristo, por eso comulgar es identificarnos con su manera de vivir

San Mateo en 26, 28, afirma que Jesús no derramó su Sangre por unos cuantos o por muchos, sino por todos y que nos debe llevar más allá de la contemplación espiritualista y nos debe comprometer con el que sufre, pues cada vez que alguien sufre, se sigue derramando la sangre de Cristo. San Juan en 6, 51, afirma que Jesús por el derramamiento de su sangre, se convierte en manantial de Vida y que solo en Él encontramos nuestras satisfacciones y nuestra felicidad. «Por todo ello, la sangre de Cristo está enraizada en la Eucaristía y de Ella recibimos la fuerza para vivir el día a día y por eso la devoción a la Preciosa Sangre, debe estar en el centro de nuestra vida cristiana.

Compromisos al participar en la Eucaristía:

  1. No nos debemos acostumbrar a participar en la Eucaristía por rutina o porque lo manda la Iglesia, o como una simple devoción
  2. Es una incongruencia pensar que vamos a Misa para tranquilizar nuestra conciencia  y no vivamos el seguimiento de Jesús
  3. La Eucaristía tiene que convertirse en un lugar de amor compartido y salir de ella a dar testimonio de la Palabra que escuchamos.
  4. No se puede comulgar y no ser sensibles a los hermanos que pasan hambre, o a los que están privados de libertad y de justicia.
  5. No podemos convertir en una “comedia” el darnos la paz y no eliminar el resentimiento y actitudes de exclusión de nuestro corazón hacia otros hermanos.
  6. No podemos comulgar y desentendernos de la vida de los demás
  7. Tenemos que vivir como Cristo, que pasó haciendo el bien a todos.
  8. No podemos comulgar y ser agentes del mal y causar sufrimiento a los demás, haciendo que se vuelva a derramar la sangre de Cristo.
  9. Tenemos que tratar de eliminar toda violencia que haya a nuestro alrededor y fomentar la paz, la tolerancia, la ilusión, y las ganas de vivir.
  10. Hay que buscar nuestra felicidad y nuestras grandes aspiraciones en la sangre de Cristo.

(Pe. Paulino, CPPS)

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