Segundo domingo de Adviento
Segundo domingo de Adviento
Juan el Bautista
La figura de Juan el Bautista aparece con prominencia en este segundo domingo de Adviento. Por ello, se nos revelan varios detalles: la tierra desértica que pisaba; su vestimenta de piel de camello con un cinturón de cuero a la cintura; sus comidas de langostas y miel silvestre; su actividad bautismal. Era una figura excepcional, tanto que atraía la atención y mucha gente lo buscaba. Su lenguaje es desafiante: — Arrepiéntanse — Preparen el camino del Señor — Enderecen sus sendas. Juzga a los hombres de su tiempo, los religiosos fariseos y saduceos, llamándolos “víboras” porque sus acciones no coincidían con el arrepentimiento que manifestaban.
Consciente de su misión, anuncia la llegada de Alguien cuyas sandalias ni siquiera se atreve a desatar, y que bautizará no solo con agua, sino con el Espíritu Santo y fuego. Es una novedad que cambiará para siempre el curso de la historia.
Una vida y una voz para hoy
San Carlo Acutis decía que todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias. Vale la pena aplicar esta idea a los tiempos actuales, donde la originalidad escasea y, a veces, los modelos a seguir buscan la fama y no se preocupan por sus seguidores. El resultado es desastroso: personas sin alma que viven sin pensar en la fugacidad de los momentos fugaces.

Escuchar la voz de Juan el Bautista, quien habla de actitud y un profundo cambio de vida mediante el arrepentimiento, quien ve el momento presente como un servicio preparatorio para algo mayor, quien se compromete a actuar con el objetivo de enderezar caminos, es aceptar que el Señor viene a nuestro encuentro en todo momento y quiere realizar una obra maravillosa a través de nosotros. Las "víboras" son reales y esperan la oportunidad de morder y matar con sus acciones inconsistentes y confusas.
Es el tiempo del Espíritu Santo y del Fuego divino, que llena a la persona de un amor sin límites que perfecciona la comunión entre lo humano y lo divino.
Espiritualidad del desierto
En la figura de Juan Bautista se abordan varios puntos que ayudan a los cristianos a profundizar su vida: – la sencillez de vida como autoridad para hablar; – el reconocimiento de que la persona es un siervo de Dios, enviado; – la aceptación de la misión, incluso en medio de entornos contradictorios y adversos; – la certeza de la vida de Jesús, el Salvador, de quien no somos dignos de desatar las sandalias; – la apertura de corazón para recibir el bautismo de Jesús y el fuego del Espíritu Santo, que no solo lava el pecado, sino que engendra para el mundo Hijos de Dios, piedras vivas de la Iglesia; – es tiempo de arrepentimiento y conversión, para enderezar los caminos torcidos de la vida y permitir que el Niño Dios sea la luz en todos los senderos oscuros. (P. Luís Filipe, CPPS)
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