La unidad del mundo
La unidad del mundo
La Sangre de Cristo mantiene la unidad del mundo (Éxodo 24:6-8 El pueblo vivió esclavizado en Egipto; ahora parte hacia el desierto, donde encuentra dificultades, pero se siente libre. En el desierto, Dios nos guía para enseñarnos a vivir en libertad, sin que nadie sea esclavizado, y al final del viaje se hará un pacto con ellos, una alianza que se sellará con la sangre de animales sacrificados, que se recogerá en vasijas, derramando la mitad en el altar y con la otra mitad se derramará en el pueblo.
¿Qué significa este ritual de sangre?
- Comunicación entre Dios y el Pueblo
Dios no puede ofrecer lo que queda, sino algo que identifica a quien lo ofrece para poder entrar en contacto y comunión con Dios. Si se mata al animal, para indicar que no pertenece a quien lo ofrece, se lo entrega a Dios y no puede reclamarlo. La víctima fue devorada por quienes la ofrecieron, lo que indica la unión de lo humano con lo divino. El rito de la sangre tiene lugar fuera de la ciudad y la civilización, lo que indica que se trata de una comunidad marginada y preocupada por las necesidades diarias: alimento, agua y refugio. Y precisamente en medio de estas dificultades, la sangre de los animales les da la fuerza para unirse a Dios.
- Celebremos la importancia de la ley
El ritual de sangre indicará al pueblo cómo deben ser sus relaciones. La ley que el Señor les da, a través de Moisés, es lo que ocurrirá para escapar de la esclavitud y el camino para no verse obstaculizados por las dificultades. Recordarán que todos comieron la misma carne y fueron tocados por la misma sangre, tanto así que los salvarán de la esclavitud y esa es la unidad que existe entre ellos.
- Convertir a unos pocos esclavos en Pueblo
Antes eran esclavos y carecían de derechos, pero ahora, mediante el rito de la sangre, han alcanzado la dignidad de las personas y su Dios se preocupa por ellos. Ya nadie puede ser ignorado ni estorbado, porque son una familia y cada uno ocupa su lugar.
- El ritual de sangre toma la unidad mundial
Moisés, dice que la sangre se convierte en la “alianza” entre el pueblo y los Dioses, que les proporciona una tierra para que puedan vivir libres y sin depender de nadie y lejos de los peligros del desierto y el Pueblo se compromete a tener a Dios, como su único Dios y de ahí estarán unidos para siempre.

Compromisos
- No debemos entregarle a Dios lo que nos queda, sino toda nuestra persona.
- Quien se siente redimido por la Sangre de Cristo, debe tener siempre fe y esperanza, especialmente en los momentos difíciles porque esa Sangre redentora nos dará fuerza y optimismo en los momentos difíciles.
- En nuestras Comunidades y Familias de la Preciosa Sangre, tenemos que buscar lo que favorece la fraternidad para que desaparezcan las rivalidades, los enfrentamientos y la desunión.
- Tenemos que mirar la ley, no como letra muerta para el cumplimiento y destripamiento de la vida, porque entonces seríamos personas sin personalidad, ya que haríamos las cosas porque nos dicta la ley, sino más bien, en lugar de hacerlas por convicción de que eso es lo mejor.
- En nuestras Comunidades y Familias de la Preciosa Sangre, debemos sentirnos miembros de una misma familia en la que no podemos sentirnos mal, ni menos que nada, ni ignorar a los demás que tenemos a nuestro lado, porque Dios cuida de todos por igual.
- Tenemos que ir por la vida, respetando y respetando la dignidad de las personas, poniendo a todos como hijos de Dios y en lugar de cubrir a los demás con el barro con nuestras críticas, indiferencias y olvidos, haciendo a todos dignificados por la sangre derramada por Jesucristo.
- Tenemos que ser personas de paz y pacificadores, evitando “tomar partido” en cada situación, porque éste es el mejor testimonio de nuestra devoción a la Sangre de Cristo.
- Tenemos que evitar los discursos ruidosos y sin vida, porque el mundo está lleno de palabras que se llevan el viento y necesitan realidades más concretas.
- Las guerras, cualquier tipo de violencia, la muerte de inocentes y toda clase de males que existen en el mundo, terminarán cuando la devoción a la Sangre de Cristo nos lleve a ser “UNO” como el Padre y Jesús son uno, porque solo la UNIDAD salvará a nuestras Comunidades y Familias de la Preciosa Sangre. (P. Paulino, CPPS)
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