El rostro del que sufre.
El rostro del que sufre.
En medio de gritos de violencia y caos absoluto, una mujer, sorprendentemente, superó el miedo y la indiferencia. Verónica no tenía poder y ni siquiera podía detener la flagrante injusticia, pero podía amar.

Con un gesto que a la multitud le pareció muy sencillo e insignificante, ella secó el rostro de Cristo. En ese instante, ocurrió algo que ha trascendido los siglos: el rostro de Jesús quedó impreso en el velo, porque el verdadero amor nunca pasa desapercibido a los ojos de Dios.
Dos cuestiones merecen nuestra reflexión esta Semana Santa: ¿Puedo acercarme más a Jesús cuando sufre en los hombres, mujeres y niños de hoy? ¿O siempre intento mantenerme lo más lejos posible porque no tiene nada que ver conmigo?
Esta Semana Santa y más allá, todos estamos llamados a acercarnos a Jesús, quien sigue sufriendo, siendo negado y rechazado incluso hoy. Quizás, como Verónica, no podemos cambiar el mundo entero porque no está a nuestro alcance; lo que sí está a nuestro alcance es el gesto concreto de amor. Parafraseando a San Gaspar del Búfalo ante Napoleón, podemos decir: No puedo, no debo, ni quiero, ante la violencia y la injusticia (el clamor de la sangre de Cristo), elegir la indiferencia.
P. Eduardo Indeque C.PP.S
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