Santa María de Matías

A lo largo de la historia de la Iglesia encontramos grandes mujeres que dedicaron toda su vida al Señor, sirviéndole y amándolo con todo su corazón: aquí está Santa María de Matías.

Misionero de la Preciosísima Sangre de Cristo…Durante una de las misiones populares de San Gaspar, María de Matías fijó su mirada en Cristo crucificado, quien derramó su sangre por amor. Allí nació un auténtico amor por Jesús. Y los ojos que se atrevieron a leer la cruz como el libro de la vida descubrieron un camino hacia la plenitud, que atraería a otras mujeres y fundaría una congregación femenina. Creyeron que era posible transformar la sangre derramada con violencia en sangre de amor, de vida entregada por completo por amor.

“"Querido vecino"”…Así trataba a todos: a su “querido prójimo”, como lo llamaba. Ante todo, se centró en las niñas: fundó escuelas para que pudieran recibir una educación adecuada y escapar de la pobreza y la explotación. Las escuelas eran solo para los ricos, pero su prójimo eran los pobres, amados por Jesús. Practicaba una caridad sin límites, diciendo: “Jesús se entregó por completo por nosotros y sigue entregándose”. Incluso les ofreció ropa y zapatos. Un día escribió: “Los crucificados, que son la imagen más vívida de Jesús muriendo en la cruz, son los más amados por Dios”.

Mujer de oración…La oración es la única luz capaz de disipar la oscuridad. Su estilo de oración es un coloquio constante e íntimo con Dios. Decía: “Acompañemos a Jesús por todos los caminos. Cuando estemos solos, acompañémoslo en la soledad de Belén; cuando viajemos, acompañémoslo por las tierras de Palestina y camino del Calvario; cuando seamos azotados por malas lenguas, acompañemos a Jesús azotado; cuando seamos crucificados, acompañemos a Jesús crucificado… siempre, siempre con Jesús”. Ante el crucifijo, en la quietud de la noche, repetía: “Hijo de David, ten piedad de mí”, y rompía a llorar.

Mujer de la palabra…María de Matías se distingue por ser una mujer que “predicó en iglesias y plazas públicas”. Intrépida en un ambiente clerical, ya era una presencia profética. Era tan elocuente y estaba tan rodeada de tanta gente que a veces tenía que dar varios sermones al día para que todos la escucharan. Cristo, crucificado, derramando su sangre por amor, era el motivo de su alegría, y en esa alegría expresaba el amor de Dios por todos.

Transformación del mundo…A través de sus acciones, servicio y misión, tuvo esperanza y certeza en una reforma moral y social de individuos y naciones. Para ello, utilizó el ministerio de la palabra, los retiros, la catequesis y las escuelas… Al dedicarse a las mujeres, las familias y las niñas, les ayudó a comprender su dignidad y su papel fundamental en la transformación del mundo. Dispersas por todo el mundo, las Adoratrices de la Sangre de Cristo también han pagado el precio de la sangre de Cristo: en 1992, cinco hermanas fueron martirizadas en Liberia mientras viajaban para ayudar a una mujer a dar a luz.

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