Cristo fue crucificado por nosotros

Ante la contemplación de Cristo en la cruz, tenemos que hacernos la pregunta ¿Por qué?

Si leemos las cartas de San Pablo encontramos algunas pistas por dónde va la respuesta:

En Romanos: Jesús murió en la cruz de una manera totalmente libre y lo hizo para que el hombre dejara de ser “carnal” y se convirtiera en “espiritual”.

En Gálatas y Corintios: Jesús murió para darnos “la vida” y reconciliar a la humanidad con Dios y para que en la humanidad nos reconciliásemos unos con otros. También afirma en Gálatas, que quiso morir para arrancarnos del pecado y convertirnos en hijos de Dios.

En general, en las cartas de San Pablo, se dice que Jesús murió en la cruz para darnos a conocer la caridad de Dios, pues estando enemistados con Él, por el pecado original, nos envió a su Hijo para que se produjese el acercamiento y la reconciliación.

También en San Juan, podemos encontrar otra respuesta a ¿por qué murió Cristo en la cruz?: por el gran amor que tiene al Padre y por el gran amor que nos tiene a nosotros, por eso es el acto más grande del amor, dar la vida por los demás.

A imagem pode ser vista na 28ª exposição Las Edades del Hombre (Zamora)

Para esta reconciliación entre Dios y la humanidad, hubiese bastado con un pequeño gesto para que fuéramos redimidos, pero aceptó la muerte más ignominiosa, la de los malhechores, la muerte de los marginados:

  • Para mostrarnos lo mucho que Dios nos quiere
  • Lo importante que somos para Él
  • Para decirnos que la salvación se consigue con la humildad y la perseverancia en las pruebas, siendo fieles y obedientes a la voluntad de Dios,
  • También que es un acto “gratuito”, porque no murió en la cruz para conseguir algo, sino simple y llanamente por amor desinteresado.

No podemos quedar pasivos, como espectadores, ante el espectáculo de la cruz, sino que debemos hacer algo ¿Qué? unirnos a Él para morir con Él y luego resucitar con Él.

Pero ¿morir a qué? a todo lo que es carnal: egoísmo, envidia, revancha, insolidaridad, críticas, zancadillas y a todo lo que molesta o perjudica a los demás, para resucitar a lo que es espiritual: al amor de Dios y al prójimo, como a nosotros mismos.

Compromisos de la muerte de Cristo en cruz:

1- Reconciliarnos con Dios, es decir, tenemos que contar con Dios en toda nuestra vida: en el trabajo, en el ocio, en la felicidad y también cuando tenemos problemas o dificultades, enfermedades o muertes.

2- Aprender a vivir como hijos de Dios y a tratar a todos como hijos de Dios y no marginar, ni señalar a nadie por ideologías políticas, religiosas o sociales, pues todos somos sus hijos, con la misma dignidad y categoría.

3- Vivir en la voluntad de Padre y ponernos en sus manos como Cristo en la cruz.

4- Vivir una vida sencilla, sin creerme que valgo más que los demás, sin aparentar lo que no soy, ni tengo y sin mirar “por encima del hombro” a los demás porque no son como yo.

5- No dar la espantada ante Dios cuando nos visita el dolor, el sufrimiento o cualquier contratiempo, sino “estar” como la Virgen a los pies de la cruz que “estaba de pie y en silencio”

6- Ofrecer lo que somos y tenemos a los demás de una forma gratuita, sin esperar nada a cambio, siendo solidarios con todos, con el que el sufre y con el que está alegre.

7- Ser personas de paz y pacificadoras y no ir por la vida encendiéndola de violencia, de crispación y de guerras.

La muerte de Cristo en la cruz, nos pide lavar los errores del mundo para que el mal se convierta en bien; además nos compromete con la Iglesia, con nuestras comunidades y con nuestras Familias para que sean más evangélicas y más misioneras y así puedan ser testimonios para todos del Amor de Dios.

(Pe. Paulino, CPPS)

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