4º Domingo de Adviento

Nos reunimos en la última semana de Adviento, que marca la culminación de la Natividad del Señor. Un misterio verdaderamente sorprendente para toda la humanidad: Dios mismo se humaniza, su misericordia toca la tierra. Las lecturas de hoy presentan contextos que nos resultan muy familiares, ya que ponen a prueba la fe de dos personajes que luchan contra las incertidumbres personales que generan sus vidas.

En la figura del rey Acaz y José, se nos plantea el dilema de la fe: creer en el Señor y combinarlo con la lucha por cómo la fe construye la vida en nuestra historia personal.

En el evangelio de hoy hay tres protagonistas que tienen un papel esencial en el relato en su significado: María, José y Dios.

Por un lado, María, una mujer que vive en un contexto de feminidad reducida a un rol de maternidad fecunda para que la comunidad israelita siga creciendo, está siempre sujeta a la voluntad de su esposo y su familia. Mujeres hebreas fácilmente repudiadas por razones ilógicas, mujeres sin palabras, sin espacio, sin independencia, sin valor social ni religioso. Desde este punto de vista, solo el sentido común nos lleva a percibir a María como una retadora a esta tradición y con una clara misión de liberar a las mujeres de esta carga discriminatoria que las deja fuera del sistema social y religioso. María lidera, de alguna manera, una visión de una mujer que no necesita la tutela de un hombre para tener dignidad, valor y sentido en la vida; no necesita una autoridad religiosa ni política, para vivir su misión y colaborar con el proyecto de Dios desde su identidad sin mediaciones y sin mediadores.

El segundo protagonista es José, un hombre bueno de la Casa de David, un "hombre justo" como se define en el texto, que se enfrenta a un reto muy importante en su vida. El problema en este momento no es de María Sino de José. Debe tomar una decisión en silencio porque su futura esposa espera un hijo. José debe discernir diferentes opciones, ninguna fácil, según el contexto socioreligioso judío: podría denunciarla para anular el matrimonio, celebrar el matrimonio y llevarla a su casa, repudiarla en público o en privado, o dejar que María también olvide cosas. Pero su elección también es desafiante. No es una decisión tomada desde la ley, sino desde la luz de Dios en su conciencia, que le hace ver la mejor decisión en esta compleja situación. José asume la paternidad legal de Jesús para vivir en el tiempo histórico y colabora con María para hacer posible el tiempo de Dios en nuestra humanidad.

El tercer protagonista es Dios, representado en el ángel a través de la muerte de José. Un Dios que se revela en lo más profundo del ser humano para hacerle consciente de que no es un Dios lejano, sino que forma parte de la historia, sino un Dios que forma parte de las entrañas humanas. Enmanuel, eres más que un Dios con nosotros, eres un Dios en nosotros. Así, el final del evangelio de Mateo confirma el comienzo de su historia: «Y sé que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Como hoy también celebramos la fiesta de la Esperanza de María, compartimos nuestra ESPERANZA de que la PAZ sea la fuerza que transforma el rumbo y la energía de nuestro mundo actual. (P. Andoni)

Reflexiones de 1 sobre “Advento 4º Domingo”

  1. Luis Bairrada 21 Dic. 2025

    Gracias por tu colaboración y mensaje. No te preocupes... un abrazo.

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