La Sangre de Cristo nos pide solidaridad (III)

Además de ser lugares de diálogo y lugares de hospitalidad, la Comunidad y las familias de la Preciosa Sangre, tienen que ser:

  1. Testimonios proféticos

Sólo damos gran importancia a las actividades que realizamos en la Parroquia o en nuestro campo pastoral, pero, a veces, descuidamos el testimonio de vida.

La Espiritualidad de la Sangre de Cristo, nos invita a ser “sacramentos de Dios para el mundo”, reflejando con nuestras palabras y sobre todo con nuestra vida, la presencia de Cristo y los valores del evangelio; porque de nada nos serviría hacer muchas cosas y tener grandes ideas, si no nos acompaña el testimonio y la coherencia de nuestra vida, compartiendo, como los discípulos de Emaús, cuando creemos y nos provee de felicidad en la vida.

Vivimos en un mundo sangriento y violento y tenemos que alzar la voz ante tanta injusticia y estar cerca de quienes sufren los caprichos de los poderosos para sanar sus herencias, sin consecuencias y solo con escucha, amparo y diálogo.

La Espiritualidad de la Sangre de Cristo nos llama a ser testimonios proféticos del proyecto del nuevo mundo de Dios, donde prevalecen las relaciones de amor frente al egoísmo, el desamor y la indiferencia. Al celebrar la Eucaristía, al comer pan y beber vino, compartimos éxitos y fracasos, reconciliación y fortaleza, y renovamos la alianza con Jesús y con nuestros hermanos. Para vivir el vínculo de la caridad, necesitamos perdón y aceptar algo diferente a lo que pensamos, sin actuar como los demás. Las dificultades y tensiones en nuestra Comunidad y en las Familias de la Preciosa Sangre se superan viviendo el misterio Pascual de Jesús: combatiendo nuestro egoísmo e individualismo para ser testimonios proféticos de nueva luz en un mundo roto, dividido y en tinieblas.

Compromisos de ser testimonios proféticos

  1. Cuidar la coherencia en la vida con lo que decidimos, creemos y celebramos.
  2. La gente que me ve tiene que ver a Cristo y los valores del evangelio en mí, en mi vida y en el terreno, en mis palabras.
  3. Es importante compartir la fe, con su claridad y sus dudas, y donde se encuentra la fuente de nuestra felicidad.
  4. Denunciamos los abusos y caprichos de los poderosos, que junto a nosotros, hacen sufrir a otros.
  5. El amor tiene que ser más fuerte que el egoísmo, más fuerte que la indiferencia y más fuerte que la crueldad.
  6. Debemos aprender el difícil, pero importante arte, del perdón, a quienes piensan que actúan diferente, porque sin perdón no hay Comunidad, no hay Familia.
  7. Cada día tenemos que morir un poco del individualismo para resucitar la Comunidad y la Familia. (P. Paulino Hernández, CPPS)

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