La Sangre de Cristo nos pide solidaridad
La Sangre de Cristo nos pide solidaridad
Una solidaridad que no es sólo de cartas y manifestaciones, que también, la Comunidad o familia de la Preciosa Sangre, está llamada a vivir en “el vínculo de la caridad, porque la espiritualidad de la Preciosa Sangre pone el centro en el amor a Dios y al prójimo.
Por eso, la Comunidad y las familias de la Preciosa Sangre deben ser: lugares de diálogo, lugares de hospitalidad y de testimonio profético.

ESPACIOS DE DIÁLOGO
La Sangre de Cristo nos llama a crear espacios de respeto, confianza y diálogo, tenemos que ser hermanos, amigos y familia dentro de la diversidad, para servirnos y respondernos con amor y no con decepción o indiferencia.
El diálogo debe llevarnos a compartir nuestros sueños, nuestras ilusiones y esperanzas, nuestras tristezas y nuestros problemas. Este compartir puede despertarnos de la rutina, de las dificultades y de la indiferencia, y debe despertar en nuestros corazones un nuevo corazón que nos rejuvenezca y nos permita dar fruto de nuevo para exclamar: “No somos tan viejos, aún tenemos ilusiones”. ¿No fue eso lo que les sucedió a los de Emaús en el camino, que les quemó el corazón al ver a Jesús?
Compromisos para ser espacios de diálogo
- Nuestro diálogo debe ser sobre la vida, sin ceder a superficialidades para salir del camino,
- Un diálogo basado en el amor mutuo, en el vínculo de la caridad.
- Al dialogar no debemos tener miedo de hacer daño y contenernos en palabras que suenen bien y que no nos molesten, sobre todo en la corrección fraterna.
- Tenemos que hablar de dónde estamos y a dónde queremos llegar para no quedarnos estancados en la rutina y la indiferencia.
- Que no somos aguafiestas que vienen con la negatividad, ¿qué vamos a hacer…? “No vale la pena volver a intentarlo, al final somos hechos mayores”; tenemos que seguir soñando, aunque nos pase como a José, que mató a sus hermanos por ser soñador.
- El diálogo, no debe centrarse siempre en el mismo tema, porque no avanzaríamos y nos quedaríamos estancados, sin que éste estuviera a punto de morir.
(P. Paulino Hernández)
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