Difunto padre Armando
Difunto padre Armando
El próximo 7 de julio celebraremos los 50 años de la ordenación sacerdotal de mi querido y difunto hermano. Padre Armando!
Si todavía estuviese entre nosotros, sin duda celebraríamos felizmente con sus hermanos sacerdotes. Congregación de la Preciosísima Sangre, con sus hermanos vivos, con sus amigos... Pero Dios se lo llevó para estar con Él y nosotros, conscientes de que con Él, nuestro Padre Armando vela por nosotros, no podemos dejar pasar desapercibida una fecha tan maravillosa!

¡Su cuerpo no está con nosotros pero su espíritu permanece!
¡Y debemos recordar y celebrar la enorme gracia que el Señor nos concedió al tener un sacerdote como hermano! El año de su partida al Padre, todos (su familia) lo felicitamos efusivamente por su cumpleaños... pero como la preocupación por su salud lo eclipsó todo, olvidamos felicitarlo por el aniversario de su ordenación sacerdotal. Y eso fue imperdonable. ¡Estaba muy, muy triste! Y todavía me culpo por ese descuido.
¡Para el Padre Armando no había nada más importante que ser Sacerdote!
Amaba la vida. Amaba su misión. Amaba a la gente y se entregó por completo a ella.
Por todo esto, y a pesar de que Él ya se ha ido, y muchos incluso lo han olvidado, yo, su hermana menor, quiero recordaros que Él es y será siempre, para nosotros, una presencia querida en nuestros corazones; y que, creyendo en la comunicación de los santos (como rezamos en el Credo) ¡Él es y será siempre nuestro intermediario con el Padre!

Tengo la costumbre de recortar artículos significativos del Jornal de Proença, y entre ellos, por supuesto, los escritos por nuestro Padre Armando, y la semana pasada, al reordenarlos, encontré uno, publicado en el periódico el 09/10/2008, titulado: “Dios es bueno conmigo…”
Luego, dice, le diagnosticaron una recurrencia de cáncer de hígado y la necesidad de una nueva cirugía... En la última parte del artículo escribió:..
“Esta vez la operación fue mucho más difícil y hubo complicaciones postoperatorias. A pesar de ello, me encuentro bien, tranquilo y con muchas ganas de vivir.
Fue otra manifestación encantadora de la presencia de Dios en mi vida, en cuyas manos me he confiado y sigo confiando.
Él sigue siendo bueno conmigo y mi viaje a través de esta nueva experiencia estuvo una vez más marcado por la serenidad y la paz profunda.
Alabado sea Él, y que sus bendiciones se derramen sobre los muchos amigos que me han acompañado y me acompañan en estos momentos difíciles. Gracias a todos. “…
(sic)
Hoy, al recordar vuestra ordenación sacerdotal, quiero agradecer también una vez más a tantos amigos que estuvieron siempre presentes.
¡Que tu vida sea siempre bendecida, serena y llena de paz!
Gracias a todos.

Y que haya una celebración en el Cielo y en nuestros corazones por el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de nuestro difunto y amado Padre Armando Tavares (CPPS).
*M. Isabel Tavares A. Christopher
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