Tomad y bebed, esta es mi sangre
Tomad y bebed, esta es mi sangre
Cada vez que participamos en la Eucaristía, escuchamos “Tomad y bebed, esta es mi sangre”; pero por la rutina y las preocupaciones, estas palabras las oímos, pero no las interiorizamos.
Jesús, está celebrando la cena de Pascua con los suyos el jueves santo, y les resumen todas sus enseñanzas como un testamento para su misión. En tiempo de Jesús durante la celebración de la Pascua se compartían tres copas de vino: la 1º copa, al principio de la cena e iba acompañada de una oración de acción de gracias por la Alianza; la 2ª copa se compartía una vez que se había escuchado la historia de la Pascua, luego se bendecía el pan y se compartía; la 3ª copa: era una copa de bendición.

Jesús, en esta cena del jueves santo, transforma el pan en su cuerpo y la copa en el sello de la nueva alianza que será derramada por todos nosotros.
La Pascua judía, expresa rescate y alianza, porque no solo recuerda la salida de Egipto del pueblo de Dios, también se celebra la Alianza, en el Sinaí de Dios con el Pueblo.
El jueves santo, Jesús está diciendo en la cena de pascua, que su muerte en la cruz, nos rescata del mal para que firmemos una alianza con Dios, en la que Dios se compromete a estar cerca de nosotros, especialmente cuando lo pasamos mal y nosotros nos comprometemos a eliminar de nuestra vida todos los “dioses” que no sean el Señor. por eso beber la sangre de Cristo, es tener la misma fuerza-vida de Dios, es compartir con Dios su vida con Él y con los demás que comparten su Sangre derramada.
Al principio los discípulos, vieron el derramamiento de sangre de Jesús, como una desilusión y un escándalo; ellos fueron testigos de que Jesús pasó su vida “haciendo el bien” y ahora es condenado a la muerte de cruz, porque decían que había revolucionado a las gentes, y ellos corrían el mismo riesgo que el Maestro, por eso huyeron y se encerraron en casa.
Más tarde comprendieron que Jesús moría como el siervo de Yahvé, cargando sobre sus hombros las debilidades, flaquezas y pecados de todos, no de unos cuantos o de muchos y que era, como “el chivo espiratorio” para restablecer la comunión con Dios. La copa que Jesús compartió con los suyos el jueves santo, llevaba dentro su destino y especialmente sus sufrimientos.
Compromisos de participar el jueves santo en la cena de pascua
- Tenemos que ser seguidores de Jesús, ser testigos de la venida de su reino, aceptar los sufrimientos que encontramos en la vida y unirnos a Él y a los demás, que también comparten la copa de la Alianza.
- Tenemos que comprometernos a vivir la nueva alianza y todo lo que conlleva: paz, justicia, fraternidad, alegría… para hacer presente el Reino de Dios en la tierra.
- Tenemos que eliminar de nuestra vida los “dioses” que nos apartan de Dios y de los demás: el egoísmo, la violencia, la prepotencia, la insolidaridad, la indiferencia…
- Tenemos que implicarnos más en la Comunidad y en la Familia de la Preciosa Sangre, de manera que seamos “uno” en la diversidad.
- Cuando tengamos dificultades y problemas, no desanimarnos, sino coger fuerza de la Sangre de Cristo para afrontar la vida de cada día.
- A no huir, como los apóstoles por miedo, a implicarnos en la vida de los demás, cuando toca felicidad y alegría, y también cuando toca dificultades, y a veces, hasta jugarnos “el tipo” para que se haga justicia y no sean condenados injustamente.
- No podemos participar en la Eucaristía, con rutina o por devoción particular, sino que después de participar deberíamos preguntarnos:
¿Somos más solidarios con los demás? ¿estamos dispuestos a correr riesgos y sufrimiento por ellos. aunque nos complique la vida? ¿estamos dispuestos a acompañar al triste, al que vive en soledad y a cualquier persona que sufre?
¿Es la Eucaristía la gran Fiesta de la Comunidad, o somos simples curiosos que pasábamos por allí, o asistimos por “compromiso” de un mandato, pero que no tiene nada que ver con nuestra vida, aunque nos quedemos tranquilos por haber “cumplido”?
En el jueves santo, Jesús dice a los suyos “haced esto en memoria mía” ¿Qué? asumir el destino de Jesús y ser cálices derramados en los demás.
(Pe. Paulino, CPPS)
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