La Alianza en la Sangre (Mc 26, 26-29)
La Alianza en la Sangre (Mc 26, 26-29)
Alianza quiere expresar que Dios desea vivir con su Pueblo y que no quiere permanecer en el cielo ajeno a lo que ocurre en su vida, tampoco espera que le rinda pleitesía, sino que quiere compartir la vida de su Pueblo con sus acontecimientos.
La alianza de los Dioses con su pueblo en el AT sellada con la sangre de animales proporcionó la comunicación con Dios, ahora la Nueva Alianza está sellada con la Sangre de Cristo, de manera definitiva y para siempre.
La Nueva Alianza se celebra en la última cena de Jesús con sus apóstoles, aludiendo a las doce tribus de Israel y con la sangre de Cristo derramada por todos para el perdón de los pecados “Tomad y bebed”.
¿Falta una nueva alianza? ¿No era suficiente la del AT? El pueblo le fue infiel a Dios, quien lo abandonó en busca de otros dioses, pensando que llenarían sus vidas, y encontrarían vacío y sin sentido.
Por eso los profetas anuncian la Nueva Alianza, pero por la infidelidad del Pueblo, no por la infidelidad de Dios, pero ahora las cláusulas de la Nueva Alianza en lugar de estar inscritas en piedra, van a ser esculpidas en un corazón de carne que ame.

Detalles de la Nueva Alianza
- Se celebra en una escena amistosa entre Jesús y los Doce.
- El cáliz de la Alianza lo tienen que beber todos, no un representante de los Doce, sino todos los Doce, con esto Jesús está diciendo, que, si Él muere por todos, todos tenemos que estar dispuestos a beber, con Él, el cáliz de la amargura y del sufrimiento de los demás.
- Al final les hace un encargo. “” haced esto en memoria mía”, por eso cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía, celebramos la Pascua del Señor, su pasión, muerte y resurrección.
- San Pedro, en una de sus cartas, nos dice que hemos sido comprados en oro o en oro, con la Preciosa sangre de Jesús, y dice, que por esta Alianza hemos llegado a ser hijos de Dios, y que por nuestras venas corre la sangre de su Hijo Jesús, la cual compartimos unos con otros.
- Por eso, el derramamiento de la Sangre de Jesús, hasta la última gota, es el acto del mayor amor de Dios por la humanidad, un amor gratuito, porque la Alianza, no es un contrato de prestaciones mutuas (yo te doy algo y me cambias), porque Dios no quiere nada, no nos pide nada, sólo pretende establecer con nosotros un diálogo de amor desinteresado y por nuestro bien. Por otra parte, nosotros no tenemos que hacer las cosas para que Dios nos recompense, sino en respuesta al amor que nos sostiene.
Compromisos de la Alianza
- Tener devoción a la Sangre de Cristo no es tener una devoción mayor, lo cual exige que seamos testimonios del Amor de Dios.
- Para ello, tenemos que morir a los deseos de la carne: avaricia, egoísmo, egoísmo, arrogancia, indiferencia… y vivir en el amor, la alegría, la paz y la esperanza.
- Tengamos confianza en Dios, porque Él es fiel y nunca nos abandona y si somos infieles, acudamos a Dios que nos amparará y no nos abandonará.
- Comulgar con el cáliz de Jesús, es aceptar los sufrimientos y trabajos, los éxitos y los fracasos con paz, paciencia, humildad y alegría para ser otros “cristos dolientes”.
- A pesar de las dificultades y los “palos” que nos da la vida, no podemos desesperarnos, ni desanimarnos, ni abandonarla del todo; Él sufrió antes por nosotros y por nosotros, hijos de Dios, como Él, debemos correr a su misma suerte.
- La devoción a la Sangre de Cristo, nos pide celebrar, como Jesús, la fraternidad y la amistad, tanto en la Eucaristía como en la vida de cada día, para que sepamos olvidar rencores, perdonar y no tener deseos de venganza por el mal que nos ha hecho daño.
- La Alianza, en la Sangre de Cristo, nos hace cambiar la idea de un Dios que nos castiga y nos envía al infierno por no cumplir las normas, por un Dios que nos ama y que busca nuestra felicidad, sin que nosotros la pidamos.
Cuando la vida nos trata mal y no vemos la luz al final del túnel porque todas las luces se han apagado y no somos capaces de encontrar una salida, no olvidemos que la Alianza con Dios, se consumó en la Cruz, y por tanto el sufrimiento es redentor y es causa de nuestra salvación.
(P. Paulino, CPPS)
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