La Sangre de Cristo, es la solidaridad de Dios

Éxodo 12, 21-23 La Pascua judía, nos sugiere tres reflexiones, en torno al paso del Señor para devolver la libertad a su pueblo:

1.La sangre es el símbolo de la vida En la noche de la Pascua, la sangre protegió a las familias hebreas de la muerte. La familia es la unidad básica de la vida, no cada individuo, por eso aquella noche la familia tenía que estar reunida para beneficiarse del paso del Señor. 

2. La sangre derramada es la de un cordero joven El cordero con el que las familias deben celebrar la Pascua, es con un cordero joven e inocente y su sangre derramada en las puertas de sus casas, les pondrá a salvo. El Señor protege a los indefensos, quienes al sentirse desprotegidos, acuden a él con más confianza.

¿Y por qué es un cordero joven e inocente, y sin pecado? porque solo el joven e inocente es capaz de enfrentarse al mal, los adultos dan mil rodeos y no destruyen el mal, sino que conviven con él, por eso el sufrimiento de los inocentes es redentor y nos libra del mal.

3. La señal en las puertas Indican que los que están dentro son uno con Dios y no les puede tocar el sufrimiento del exterminador, porque Dios se ha hecho solidario y amigo con ellos. Los hebreos se sienten indefensos y débiles, pero al rociar sus puertas con la sangre inocente, están diciendo que Dios apuesta por los sencillos y que Dios no abandona en la tribulación, aunque a veces nos parezca lo contrario.

Compromisos:

  1. Tenemos que defender la unidad de la Comunidad y Familiar de la Preciosa Sangre, que no es un estorbo para nuestras aspiraciones, sino un refugio de amor, solidaridad, escucha, servicio y un oasis en medio de las dificultades.
  2. Tenemos que aportar a nuestras Comunidades o Familias de la Preciosa Sangre: alegrías no tensiones.
  3. Nos tenemos que identificar con nuestras Comunidades y Familias y no aceptarlas solo porque nos hemos encontrados con ellas y no tenemos más remedio que aceptarlas.
  4. La devoción a la Preciosa Sangre, nos exige “danos” y luchar contra toda clase de mal que hay en el mundo.
  5. No podemos convivir con el mal, es decir, con la falta de amor y con el desinterés de unos por otros,
  6. Tenemos que revisar nuestras actitudes para no ser causa de sufrimiento de los que viven con nosotros.
  7. No se puede vivir con afán de revancha y de hipocresía, actuando por detrás para no ser vistos, sino que en el centro tenemos que poner el vínculo de la caridad, que nos dejó San Gaspar.
  8. Vivir la espiritualidad de la Preciosa Sangre, nos llama a ser signos de solidaridad y de acogida para los que convivimos.
  9. Tenemos que confiar en Dios en los problemas y en las alegrías y no desesperarnos ante la primera dificultades que se nos presente

Dios, a través de la sangre de Cristo derramad, ha querido demostrarnos que nos quiere, que le interesamos, que cuenta con nosotros para llevar a cabo su proyecto salvador y que aunque todos nos abandonen, Él nunca los abandonará y estará siempre con nosotros.  (Pe. Paulino, CPPS)

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